La mitad de una vida

Con abrazos que huelen al sudor de ayer, con el aliento todavía alcoholizado, y el estomago repleto de menudo, me subo a un autobús al norte. Parto de Querétaro, México, me dirijo a Phoenix, lugar que pienso es una residencia temporal, una escala más del nomadismo del que he sido parte con mi familia. Había vivido en cinco ciudades, ninguna escogida por mí, mudándome al capricho de los retos y circunstancias, decisiones de los adultos a mi alrededor.

Al subir al camión llevo una sonrisa en los labios, mi cumpleaños llega en un par de días, y he celebrado con amigos y gente querida. Solo me queda el camino de más de treinta horas a la frontera con los Estados Unidos.

En el camino me imagino lo que será regresar a México después de estudiar y trabajar unos años en el gabacho. Me propongo estar en constante comunicación con los que dejo atrás, y nunca me cruza por la mente el impacto que tendrá la distancia y el desplazo en mi identidad, y en las relaciones con los que quiero.Read More