A quince minutos de haber llegado a Lagos

Surilere, le digo al taxista, un joven de pocas palabras de casi treinta años que porta la camisa verde de la selección nacional de fútbol. Viajamos en silencio, él cambiando de carril en cada aceleración, yo viendo cómo se va amontonando la ciudad de Lagos, todavía incrédulo de estar aquí, en el Gigante de África, Nigeria.Read More