Inocente

Inocente.
De haber nacido en un país de corruptos,
de que el gobierno haya vendido lo nuestro,
de que mis padres hayan tomado decisiones consecuentes e irreversibles.

Inocente.
De haber llegado sin hablar el idioma,
de ser traductor extra oficio para todo tramite,
de servir de padre, hermano y consciencia cuando lo que deseaba era no ser.

Inocente.
De haber llegado a un lugar que me considera un extraño,
de ver cuerpos pudriéndose en el desierto,
de que el clima trajera a quienes les limpiamos la casa y cocinamos sonriendo.

Inocente.
De que seamos objetos que le sirven a un imperio,
de que seamos menos y queramos más,
de que ahora quieran “Primero América”, cuando siempre ha sido así.

Inocente.
De que lo único que sientas sea lástima,
de que no sepas que hacer aunque seas partícipe,
de que no pueda expresar en tu idioma la elocuencia de mis pensamientos.

Inocente.
De haber querido trabajar con los números de otro,
de que me des un préstamo pero no papeles,
de que le robes a mis hijos el orgullo de ser míos.

Inocente.
De trabajar de noche por que se te antojó comer tarde,
de que el policía vea una presa fácil,
de que no haya transporte y no pueda tener siquiera licencia para manejar.

Inocente.
De que me llames ilegal sin manera de cambiarlo,
de buscar santuario y ni si quiera creer,
de que los que entraron antes se olvidaron del camino que pasamos.

Inocente.
De vivir entre opiniones de lo que será mi futuro,
de no poder si quiera enfermarme,
de que me roben lo poco que gano por querer proteger lo que más amo.

Inocente.
Inocente.
Inocente.

Hasta que me agarren y me llamen culpable.

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